La cortina fotoeléctrica es una barrera de seguridad infrarroja montada en la puerta de cabina que proyecta una malla de haces a través del vano y hace retroceder las puertas si algún haz se interrumpe. Las unidades modernas emplean de 30 a 200 haces que cubren toda la altura de la puerta, desde unos 25 milímetros sobre el umbral hasta 1800 milímetros, de modo que un niño o un bastón se detectan con la misma fiabilidad que un adulto. Las cortinas fotoeléctricas han sustituido en gran medida a los cantos mecánicos porque actúan antes de que se produzca el contacto físico.